Empezamos una nueva etapa bajo la marca Experiences Madrid, un capítulo en el que nos proponemos mostrar tanto al residente como al visitante de Madrid el valioso patrimonio de Madrid y sus alrededores, porque Madrid desborda los límites de su municipalidad.

En ese entorno se encuentra el que para Experiences Madrid es el lugar que evoca la grandeza del poder, el arte y la mitología desarrollada en espacios que tienen una fuerza singular. Este es el caso de El Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, también nombrado en su tiempo como San Lorenzo El Real, fundado por Su Majestad Nuestro Señor Don Felipe II, el primer hombre de estado que sintió la responsabilidad de crear la imagen de poder de una Monarquía Universal, una Monarquía que iba más allá de los límites de sus fronteras.
A la muerte de su padre, el Emperador Carlos V, Felipe recibe el encargo como última voluntad, de “levantar un templo donde fueran enterrados mi cuerpo con el de mi muy amada Nuestra Señora la Emperatriz y para que “pluguen” por nuestras almas, y sea lugar de enterramiento para nuestros descendientes”, ni más ni menos que construir una Cripta Real. Felipe II se cayó con todo el equipo, el Emperador que había estado viviendo en su última morada, retirado del mundanal ruido, pero con un ojo aquí y otro allí, porque estaba loco por la música, en el Monasterio de San Jerónimo de Yuste, le va a encargar el último remate a su hijo, que le va a llevar 21 años de construcción, desde 1563 cuando se colocó la primera piedra, hasta septiembre de 1584 cuando se colocó la última, y grandes inversiones de cuartos. Aun quedarían arduas jornadas para decidir, y finalmente llevar a cabo los distinto elementos decorativos que darían a esos sobrios muros un contexto mucho más allá de la mera construcción de una Cripta Real.
Felipe, nacido en Valladolid, hizo suya de la mejor y más extraordinaria manera la popular frase, “aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid”… y decidió a la Cripta, dotarla de un monasterio, inicialmente pensado para albergar una comunidad de 50 monjes, que finalmente fue de 100, por supuesto Jerónimos, manteniendo una de las más antiguas tradiciones ligada a la Corona Castellana y Aragonesa, que era la predilección por la Congregación Jerónima con una vida religiosa de soledad y silencio, en asidua oración y fortaleza donde prima la oración y el trabajo, para así elevar la solemnidad del Monasterio.
También una escolanía, que serviría para la educación del nuevo cuerpo de sacerdotes y frailes que serían imprescindibles, siguiendo la política del Rey, para doblegar la extendida corriente infiel luterana por varias de las comarcas del Imperio.
Y por supuesto, un Palacio, donde la familia real pudiera alojarse en sus continuos viajes de Real Sitio a Real Sitio, porque aunque Felipe II va a modernizar el Estado sedentarizando la corte como contraposición a los hábitos medievales en tiempo de los Trastámara, y aún en tiempo de su padre, viajero hasta la extenuación, Felipe va a establecer su residencia en los distintos Reales Sitios, que como heredamientos adquiridos a lo largo de la historia, su padre y especialmente él van a embellecer, creando auténticos espacios de poder como el Real Sitio de Aranjuez, El Pardo, Real Alcázar, Valsain y el propio Monasterio de El Escorial. Espacios de poder, de residencia, decorados con la que fue en su tiempo la mayor y mejor colección de arte del mundo.
El Monasterio se construyó con el propósito de crear un espacio donde velar y rezar por las almas de todos los hombres y mujeres que representaran bajo su persona la Monarquía Española, con esta idea comienza en Felipe II la que sería la construcción del más extraordinario complejo arquitectónico donde se dieran la mano el poder, el arte, el conocimiento, la educación, la política y la religión, y a la vez contuviera el lugar de residencia favorito de un Monarca, que sintió el gran peso de la responsabilidad de la que fue consciente desde la infancia de su vida a través de la educación de su madre la Emperatriz Isabel de Portugal, admirada y venerada por su hijo, y posteriormente añorada e idolatrada tras su muerte.
Con todo ello el cuidado que tuvo Felipe II para la representación iconográfica del contenido político y de poder de este edificio va a tener también tintes nostálgicos por la memoria de su amada madre y de su respetado padre.
Visitar El Monasterio de San Lorenzo El Real de El Escorial es una experiencia maravillosa, para nosotros sin duda es un lugar sin parangón. Tenemos la suerte de poder visitarlo con nuestros amigos frecuentemente y no deja de sorprender la fuerza histórica y personal que Felipe II y su notable cuerpo de consejeros, sabios y hombres doctos, fueron capaces de impregnar en cada uno de los rincones de este singular Real Sitio.
La bienvenida nos la da una entrada renacentista y sobria que embellece la entrada retranqueada a la Basílica donde se encuentra la que probablemente sea la más fastuosa decoración contrarreformista del mundo, una visión personal de Felipe II con un alto concepto político y religioso, aunque diríamos que más político que religioso.
La visita necesariamente tiene que pasar por la que fue en su momento el más importante centro de conocimiento del mundo cristiano, la Biblioteca Laurentina, cuyas paredes fueron decoradas con frescos que denotan la clara influencia de Miguel Ángel. El monarca no iba a conformase con una decoración sencilla de uno de sus grandes orgullos renacentistas, el conocimiento. Nada en este edificio esta puesto por casualidad o por simple y vana decoración, todo tiene una razón de peso dentro de un discurso político, religioso y de poder que fue estudiado al milímetro por el propio Felipe II, que supervisó personalmente cada uno de los más simples detalles que hoy siguen engalanando el recinto, que digámoslo ya, no fue sólo un Monasterio eclesiástico, fue un Real Sitio, especial, por cuanto Felipe II lo utilizó para sus más importantes momentos de reflexión a la hora de consensuar la toma de decisiones en momento decisivos de la historia de su reinado, en un conjunto arquitectónico y monumental ideado para conciliarse con el Altísimo.
No dejes de visitar con nosotros este extraordinario lugar, vivirás una experiencia única.